domingo, 10 de junio de 2012

Algún día...

...tendré una casita cerca de esa playa o en el más recóndito lugar de una montaña. Iré allí cuando quiera alejarme del mundo.
Será un lugar fresco en verano y cálido en invierno, habrá una cocina que dé a un jardín lleno de hierbas aromáticas, un salón con un sofá, un escritorio y una mesa dónde comer. Habrá un televisor, pero no una antena. Habrá cobertura, pero el móvil estará apagado la mayor parte del día. Habrá una librería pequeña, dónde quepan los libros que lleve cada vez para leer.

Nadie sabrá dónde está, y si alguien viene conmigo alguna vez, no verá señales, no verá dos veces el mismo paisaje en los trayectos de ida y vuelta. Nadie entrará allí sin realmente merecerlo.

Quiero ir ya, y que nadie pregunte, y que nadie me despierte ni moleste.

sábado, 5 de mayo de 2012

Sin sentidos del insomnio

Tengo que dormir pero no tengo sueño. Tampoco tengo ninguno de esos pensamientos inquietantes que se lo llevan lejos dejando nervios y desesperación por estar demasiado despierta.


Estoy cansada. Ha sido uno de esos días lentos en los que, queriendo hacer cosas, haces las menos productivas, pero no por ello inútiles. Ha sido un día insulso en el que me he pasado las horas deseando que llegara "la hora de la cama" y ahora, desde la cama, La Luna se burla desde el póster de la pared de enfrente con una de esas miradas pícaras que sólo Mucha sabía pintar.


Cuando llevo ya tres vueltas de un lado y cuatro del otro, Amélie se aburre de las fantasías sobre fines de semana ideales junto la gente a la que quiero, en un intento fracasado de acabar convirtiéndolo en un sueño y por tanto, acabar durmiendo. Nada.
El storm trooper se ha cansado de vigilar que encienda el ordenador de nuevo y mira a otro lado cuando me levanto a por esta libreta. Tiene cosas más importantes en las que pensar, como en cuándo decidiré desencajar su cuerpo del hueco entre la cama y la pared y dónde apoyará la cabeza para no caer de lado cuando finalmente sea libre. Supongo que en el fondo mi padre tiene razón y debería controlar el tiempo que paso frente al ordenador por las noches así que, tras echarle un vistazo al soldado cabezón, me reafirmo en el propósito de coger la libreta.
Con tanto sin sentido escrito en tan poco tiempo creo que he llegado a la conclusión de que el mero empeño por dormirme es suficiente para no conseguirlo.
He escrito, he fingido soñar, sólo me queda leer. Antes leía cada noche antes de dormir. Hasta había días que no dormía lo que debía por leer. Ahora hay días que el sueño me puede, otros los quebraderos de cabeza. En cualquier caso, estoy retomando lo que algunos llamarían "pasión por la lectura". No sé si es pasión o vicio. Sé que lo vuelvo a tener y hoy me ayudará a dormir.
Vaya, Haruhi me mira desde la portada con cara de reproche. Ha sido mi entretenimiento y mi medio para no dormirme en los momentos más duros del día, ahora me ayudará a dormir.
Apago.
Be HaPpy PeoPle~!!

viernes, 10 de febrero de 2012

Al fin he acabado los exámenes. Esta vez, como siempre y pese a ser sólo cuatro, se me ha hecho igualmente eterno. La verdad es que me siento bastante culpable, porque podría haber estudiado bastante más o de forma más diligente. Pero la permanente falta de concentración y, debido a ello, la constante sensación de que no se me quedaban las cosas si no las escribía en un papel, han sido una jugarreta en mi empeño por optimizar el tiempo.
Ahora, como siempre que retomo el blog, tengo un montón de proyectos y cosas que me gustaría hacer, pero la situación es la misma de siempre: no hay pelas. Así que he decidido que mi primer proyecto será reemplazar mi antigua hucha de pláctico, ya reutilizada varias veces, pegando el corte con Super Glue, por otra de cristal, no por ello menos original.

miércoles, 25 de enero de 2012

Driving

Vuelvo de nuevo alegando días ocupados. Aunque algunos de ellos hayan sido de descanso necesario.

Desde los días previos a las vacaciones de Navidad, llevo ya el coche como si fuera mío, aunque en realidad es compartido. Facilita mucho las cosas y me ayuda a evitar viajes apretados, incómodos o que me hacen llegar tarde, cargada y agobiada. Además me ayuda a desconectar de todas las cosas que estoy estudiando, en las que estoy trabajando o me afectan de algún modo. Han sido días, incluso en vacaciones, de muchos recados y deberes. Los primeras días de vacaciones fueron de descanso, pero luego llegaron los "recados reales" es lo que tiene celebrar Reyes en Alcoy y que seas de la única parte de la familia que vive en Alicante: todo lo que la gente no encuentra, te lo encargan a ti. Disfruto especialmente de estas celebraciones, pero teniendo un trabajo que entregar la primera semana de clase y yendo a contrarreloj, sólo la ilusión de las sorpresas que entre todos estábamos preparando y la buena compañía de la gente más cercana, hacían que mereciera la pena.

Ahora las vacaciones han pasado, el trabajo, tras mucho esfuerzo se entregó a tiempo y en condiciones, pero no sin disgustos. Y, sin parar ni un momento, ya he hecho el primer examen de la temporada, teniendo una primera candidata a convocatoria de septiembre. Aun así, sigo teniendo ganas e ilusión: hoy seguiré estudiando para los dos siguientes.

Esperemos que a partir de ahora haya más suerte para todos.

Be HaPpy PeoPle~!!

domingo, 27 de noviembre de 2011

Feliz cumpleaños, família.

Hay muchas maneras distintas de celebrar del cumpleaños. En mi opinión nadie debería quejarse de ello si al menos, alguien se acuerda de ello. Es una fecha en la que, aunque pretendamos que sea otro día como cualquier otro, nadie, en realidad, deja de esperar algo de los demás.
Hay muchas veces que esto llega a tal extremo que cada cumpleaños se convierte en una desilusión. En realidad no importa. El hecho de que cada vez tenga menos importancia, que menos gente pueda asistir o que tú mismo tengas que elegirte los regalos en lugar de ser sorprendido, no es más que la evidencia de que, con cada año somos más mayores. Si nos decepcionáramos por todo eso, significaría que no somos menos niños. Y creo que se puede y se debe ser niño de otras formas.

Hay gente a la que le gusta salir de fiesta a lo grande, cenar bien, tomarse un par de copas, puede que pillarse un buen pedo, como absurdo rito de celebración. A mi me ha gustado mi cumpleaños: mis familiares me han dado dinero para que ahorre (que es lo que quería), mis padres me han regalado cosas que necesitaba y las personas más cercanas, han acertado con los detalles y con la compañía. Ha sido un fin de semana casero y entrañable. No creo que deba pedir, exigir o esperar nada más.

La única queja que tengo por el momento es que tendré que pararme a pensar de nuevo qué número he de decir cada vez que me pregunten por mi edad. ¡Ya me había acostumbrado a los 20!

sábado, 22 de octubre de 2011

¡¡Policía!!

Cuando alguien sube al autobús normalmente espera llegar a tiempo a algún lugar a tiempo, otros volver tranquilamente o, cómo vimos hace un par de entradas, simplemente pasear.

Bueno, todos sabemos que cuánta más prisa podamos tener, mayores serán los obstáculos para ser puntuales, al menos ese ha sido mi caso desde que tengo memoria. "Sal más pronto" Siempre pasa algo para llegar más tarde de lo previsto, siendo puntual o no. El servicio de transporte público es así o te aburres esperando o llegas acalorado.

El otro día iba en el bus al polideportivo de la universidad, íbamos relajado, nos habíamos restrasado ligeramente, pero llegaríamos, con suerte, un cuarto de hora antes. Bromeábamos en el bus, él cantaba una canción de un programa de la tele, yo miraba por la ventana y lo miraba a él de vez en cuando e íbamos soltando comentarios. Íbamos cargados con las mochilas, cogidos al palo de encima de la rueda delantera y al palo que hay justo detrás. El autobús no estaba demasiado lleno, suficiente para estar al principio del autobús, con espacio, pero todos los sitios ocupados y unas 13 personas de pie.
Estábamos a apenas quince minutos de nuestro destino más o menos cuando se levantó quién fuera que hubiera sentado justo delante de mí para bajar en la siguiente parada. Y todo empezó de repente, un hombre de mediana edad empezó a gritarle a una señora dos asientos más atrás, frente al suyo, mientras se sentaba en ese mismo asiento que acababa de quedar libre.

- "Si señora, sí, me siento. Claro que me siento."

De buenas primeras, tras la justificación de las señoras y las declaraciones de no malas intenciones, empezó a insultar a las señoras, a la vez que se quejaba a voz en grito que él tenía el mismo derecho a sentarse y no tenía por qué ceder el sitio a nadie. Aquello siguió con un intercambio de palabras malsonantes, insultos y amenazas, a lo que otros pasajeros se sumaron, pidiéndole que se tranquilizara primero e increpándole después, cuando el mismo señor siguió insultando a los que se metían de por medio.
Vista la jauría y lo peligroso del asunto, los que estábamos de pie, entre el señor que gritaba y el conductor, oímos cómo el último llamaba a la policía y les pedía que con urgencia acudieran al lugar, a la vez que tecleaba algo en uno de los dos aparatos que hay en la cabina. Al llegar a la siguiente parada, se levantó, se giró y pidió la calma general para todos en el autobús, a lo que el señor enfadado, se levantó, lo retó, lo insulto y, sintiéndose víctima de una gran injusticia, lo amenazó con conseguir que la empresa lo echara. El conductor disculpándose le dijo lo sorprendido que estaba de que lo amenazara cuando sólo pedía calma, al fin, le dio su número de empleado o conductor (no sé qué exactamente) que el señor, airadamente y sin falta de gritos insultantes al conductor se fue a anotar en una servilleta en el bar junto al que el autobús había parado.
Allí estuvimos parados cerca de dos minutos, mientras esperábamos a la policía, viendo al contrariado pasearse arriba y abajo indignado y mirando continuamente la servilleta, hasta la llegada de la policía. Señores, ¡¡qué gran milagro!! El hombre que anteriormente había referido tantas operaciones de rodilla que no le permitían estar de pie durante el trayecto, corría más rápido que todos los jóvenes que se dirigían a una actividad deportiva usando el susodicho medio de transporte.No lo cogieron.

La policía tomó declaración y comunicó, que a menos que alguno de los afectados pusiera denuncia, de nada servía haber llamado a la policía. El trayecto continuó con los comentarios, la indignación y, por suerte, el humor del resto de pasajeros, a pesar de que muchos de ellos llegaran tarde.

Pero ya se sabe, señores, hoy en día sentarse en un asiento en un trayecto metropolitano, es un riesgo para nuestra salud y nuestra puntualidad.

lunes, 25 de abril de 2011

Paseando

Este último mes, podría decir que he vuelto a mi rutina de usar varias veces al día, varios días a la semana la línea 23, en ella, bien por pasar por tres localidades, como por pasar por delante de algunas instituciones de renombre en Alicante, bien por ofrecer transbordo con otras líneas de recorrido largo, suele reunir a gente bastante variopinta.

Unos días antes del congreso, me encontré con un hombre que bailaba sin música agarrado a las barras o las asas, no quise elucubrar por qué bailaba, y aunque en cierto modo, el asunto tenía poco de divertido, me sentí un poco mal al ver que nadie lo perdía de vista y que las reacciones simultáneas fueron burlas y recelo.

Pero no vengo sólo con historias malas, apenas dos días antes de las vacaciones, a las siete y media de la tarde, esperaba de nuevo el 23 delante del hospital. Había sitio de sobra en la parada y la bandolera iba llena y pesaba, así que me senté junto a una mujer, dejando espacio para que se pudiera sentar alguien más a mi lado. Pasaron dos seguidos hacia Muchamiel y del último, bajaron una señora mayor, bajita y delgada, pero de aspecto fuerte, que andaba con cierta dificultad y sobre cuyo hombro se apoyaba un chico alto e igualmente delgado, que andaba con más dificultad. Automáticamente y sin darme tiempo el hombre que había sentado al otro extremo de la marquesina, les cedió su sitio, y yo le cedí el mío.

Mujer: No se preocupe, señor, gracias, pero es que llevamos toda la tarde sentados, preferimos estar de pie ahora y sentarnos luego cuando subamos de nuevo al autobús.
Hombre: Insisto, señora, he visto que camina con dificultad, yo llevo también un rato sentado.
Mujer: No, no me ha entendido usted, yo llevo casi todo el día sentada, necesito estar de pie, nos viene bien a los dos. Ahora cuando venga el 23 hacia Alicante, que no tardará mucho, nos sentaremos de nuevo.
Hombre: Pero, señora, si acaba usted de bajar del 23, viene de allí...
Mujer: Claro, mire, nosotros no podemos caminar demasiado, así que hemos cogido el 02, hemos bajado en la Florida, hemos cogido el 04, después hemos cogido el 34, el 24 y el 23. Ahora cogemos el 23 en dirección contraria y volvemos a casa. ¿Ve usted? Así al menos nos paseamos y vemos Alicante.

Tardó poco en pasar el autobús en dirección a Alicante, subimos todos y ambos se sentaron uno frente a otro al principio del autobús. Desde que los vi bajar de aquél autobús, me los he encontrado dos veces más, siempre paseando, subiendo y bajando de distintas líneas...

Después de encontrarme historias cómo esta última el nombre de mi blog, cada vez cobra más sentido.